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ESPAÑA
PRESENTE Y FUTURO DEL SISTEMA SANITARIO EN CATALUÑA
El equilibrio entre la necesidad y la virtud
El autor reflexiona sobre la sostenibilidad económica y asistencial del sistema sanitario en Cataluña, destacando la relevancia de la implicación del profesional para favorecer su solvencia.
Ramón Cunillera, Director general del Consorcio de Salud y Social de Cataluña - Martes, 7 de Junio de 2011 - Actualizado a las 00:00h.
Debemos cambiar el cinturón. Se acabaron los agujeros y hay que apretar más la cintura. El "necesario recorte sanitario", consecuencia de la precaria situación financiera de la administración catalana que pronto podría extenderse por otras autonomías, merece ser tratado con seriedad debido a las consecuencias que tendría una mala ejecución.
Los centros están obligados a reducir gastos de acuerdo con la reducción de ingresos. No hacerlo generaría un déficit que les impediría acceder a nuevo crédito y les podría sumergir en una espiral de quiebra
Una reducción del 10 por ciento en la compra del Servicio Catalán de la Salud, quien aporta más del 90 por ciento de los ingresos de las entidades proveedoras sanitarias, es traumático porque en números absolutos es una cantidad cercana a los 600 millones de euros en un año, porque es inédita en un sector que ha tenido un crecimiento de entre el 3 y el 14 por ciento anual en los últimos diez años, y porque los costes estructurales representan más del 70 por ciento del presupuesto en todos los hospitales.
Los centros están obligados a reducir gastos de acuerdo con la reducción de ingresos. No hacerlo les condenaría a generar un déficit de difícil recuperación que les impediría acceder a nuevo crédito y les podría sumergir en una espiral de quiebra, sólo evitable con el rescate de un tercero. Habitualmente, éste seria la Administración, que ahora no está para salvamentos; por eso es necesario replantearse la calidad del gasto (plantillas, bienes y servicios), reducir estructuras directivas innecesarias y conseguir la complicidad del profesional para asumir la gestión coste-eficiente y coste-oportuna.
Todas las personas que trabajan en los centros sanitarios han de interiorizar la toma de decisiones razonando qué es lo más efectivo, lo más eficiente y lo más oportuno. Estamos en el mejor momento para hacerlo y tenemos señales de que está sucediendo en un grupo importante de profesionales (los que no hacen ruido). Ésta debe ser la virtud -seguramente forzada por la necesidad- que permita diseñar nuevos procesos basados en eficiencia y oportunidad.
Sin embargo, trabajo y responsabilidad sólo compensarán la mitad del "recorte" de ingresos en los precontratos que el CatSalut presentó en marzo. Si no hay alternativa presupuestaria, ¿cómo cumpliremos la reducción del déficit establecida por la Generalitat?
Es necesario promover una reconversión del sistema sanitario realizando sacrificios y creando un fondo de reestructuración adicional para afrontar la regulación de empleo
El compromiso de los proveedores (conservar el modelo catalán, diverso y con autonomía de gestión) será preservar la calidad asistencial y reducir el coste por proceso. Racionar prestaciones, concentrarlas, sustituirlas, reducirlas o eliminarlas sólo puede ser un compromiso de la autoridad sanitaria (la segunda velocidad anunciada).
La racionalización requiere revisar el mapa sanitario y la disponibilidad financiera, repensar las características y necesidades de cada equipamiento de la red de uso público para articular la oferta más equilibrada entre lo que necesitamos y lo que podemos pagar, que hoy es un 10 por ciento menos que ayer. Es urgente un análisis profundo y riguroso para potenciar, modificar o eliminar centros y servicios existentes.
Financiación disponible
También se debe abordar la financiación disponible y abrir un debate estatal sobre la necesidad de incrementar los ingresos para mantener los recursos. Sugerimos empezar por revisar las fórmulas de corresponsabilización para obtener productos farmacéuticos (incremento de la aportación con reducciones por niveles de renta).
Hace falta una reconversión del sistema con sacrificios y un fondo de reestructuración adicional para afrontar la regulación de empleo. Hay que hacerlo con el máximo consenso político y la participación del talento sanitario del país (que hay y mucho) para instar a la autoridad sanitaria a ejecutar un proyecto sólido a medio y largo plazo que garantice la continuidad de las prestaciones más efectivas respetando la seguridad y la necesidad. La precariedad se podría alargar más de lo deseable y estamos obligados a evitar el colapso.
Debemos cambiar el cinturón. Se acabaron los agujeros y hay que apretar más la cintura. El "necesario recorte sanitario", consecuencia de la precaria situación financiera de la administración catalana que pronto podría extenderse por otras autonomías, merece ser tratado con seriedad debido a las consecuencias que tendría una mala ejecución.
Una reducción del 10 por ciento en la compra del Servicio Catalán de la Salud, quien aporta más del 90 por ciento de los ingresos de las entidades proveedoras sanitarias, es traumático porque en números absolutos es una cantidad cercana a los 600 millones de euros en un año, porque es inédita en un sector que ha tenido un crecimiento de entre el 3 y el 14 por ciento anual en los últimos diez años, y porque los costes estructurales representan más del 70 por ciento del presupuesto en todos los hospitales.
Los centros están obligados a reducir gastos de acuerdo con la reducción de ingresos. No hacerlo les condenaría a generar un déficit de difícil recuperación que les impediría acceder a nuevo crédito y les podría sumergir en una espiral de quiebra, sólo evitable con el rescate de un tercero. Habitualmente, éste seria la Administración, que ahora no está para salvamentos; por eso es necesario replantearse la calidad del gasto (plantillas, bienes y servicios), reducir estructuras directivas innecesarias y conseguir la complicidad del profesional para asumir la gestión coste-eficiente y coste-oportuna.
Todas las personas que trabajan en los centros sanitarios han de interiorizar la toma de decisiones razonando qué es lo más efectivo, lo más eficiente y lo más oportuno. Estamos en el mejor momento para hacerlo y tenemos señales de que está sucediendo en un grupo importante de profesionales (los que no hacen ruido). Ésta debe ser la virtud -seguramente forzada por la necesidad- que permita diseñar nuevos procesos basados en eficiencia y oportunidad.
Sin embargo, trabajo y responsabilidad sólo compensarán la mitad del "recorte" de ingresos en los precontratos que el CatSalut presentó en marzo. Si no hay alternativa presupuestaria, ¿cómo cumpliremos la reducción del déficit establecida por la Generalitat?
El compromiso de los proveedores (conservar el modelo catalán, diverso y con autonomía de gestión) será preservar la calidad asistencial y reducir el coste por proceso. Racionar prestaciones, concentrarlas, sustituirlas, reducirlas o eliminarlas sólo puede ser un compromiso de la autoridad sanitaria (la segunda velocidad anunciada).
La racionalización requiere revisar el mapa sanitario y la disponibilidad financiera, repensar las características y necesidades de cada equipamiento de la red de uso público para articular la oferta más equilibrada entre lo que necesitamos y lo que podemos pagar, que hoy es un 10 por ciento menos que ayer. Es urgente un análisis profundo y riguroso para potenciar, modificar o eliminar centros y servicios existentes.
Financiación disponible
También se debe abordar la financiación disponible y abrir un debate estatal sobre la necesidad de incrementar los ingresos para mantener los recursos. Sugerimos empezar por revisar las fórmulas de corresponsabilización para obtener productos farmacéuticos (incremento de la aportación con reducciones por niveles de renta).
Hace falta una reconversión del sistema con sacrificios y un fondo de reestructuración adicional para afrontar la regulación de empleo. Hay que hacerlo con el máximo consenso político y la participación del talento sanitario del país (que hay y mucho) para instar a la autoridad sanitaria a ejecutar un proyecto sólido a medio y largo plazo que garantice la continuidad de las prestaciones más efectivas respetando la seguridad y la necesidad. La precariedad se podría alargar más de lo deseable y estamos obligados a evitar el colapso.
El equilibrio entre la necesidad y la virtud - DiarioMedico.com
lunes, 6 de junio de 2011
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