jueves, 9 de junio de 2011

Tribuna: En el centro deben estar las personas - DiarioMedico.com

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ESPAÑA
ANTONIO SARRIA, AGENCIA DE EVALUACIÓN DE TECNOLOGÍAS SANITARIAS
Tribuna: En el centro deben estar las personas
Los sistemas sanitarios están todavía tanteando cómo dar una respuesta adecuada al nuevo perfil social, con más pacientes mayores, crónicos y pluripatológicos. Buenas ideas, a juicio del autor, son utilizar las tecnologías de la información para coordinar niveles asistenciales y situar a la persona, y no a la enfermedad, en el centro del sistema
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Antonio Sarria, Director de la Agencia de Evaluación de Tecnologías Sanitarias - Miércoles, 8 de Junio de 2011 - Actualizado a las 00:00h.


La implantación de sistemas de información clínica con la integración de sistemas apoyo a la toma de decisiones debe asociarse a la evaluación de los procesos asistenciales que se desarrollen

La transición epidemiológica y el éxito en la reducción de la mortalidad por enfermedades agudas han dado lugar a una nueva epidemia, la de las enfermedades crónicas, a la que no podemos hacer frente con los planteamientos con los que se ha dado respuesta a los problemas agudos de salud. El incremento del número de enfermos crónicos y el envejecimiento de la población deben ser un motor de reforma y un llamamiento tanto a los sistemas de salud pública y asistencia sanitaria, a nivel macro, como a los profesionales sanitarios en sus consultas, a nivel micro, como ya se dijo en el Foro Gerendia de Gestión en Diabetes, organizado por la División de Diabetes de Abbott, la Agencia de Evaluación de Tecnologías Sanitarias del Instituto de Salud Carlos III y la Asociación Nacional de Directivos de Enfermería (ANDE).

Existe un acuerdo generalizado en que las enfermedades crónicas representan uno de los principales retos a los que tienen que hacer frente los sistemas sanitarios. No obstante, aunque existen alternativas tanto para su prevención como para evitar o retrasar las complicaciones asociadas con esas enfermedades, los enfermos crónicos reciben una atención fragmentada y discontinua, descoordinada, en la que hay una importante falta de comunicación entre profesionales y niveles asistenciales, y en la que los pacientes no reciben suficiente y apropiada información y apoyo para el autocontrol. Para mejorar la calidad asistencial en las enfermedades crónicas es preciso adoptar una transformación sistémica, que requiere conseguir pacientes activos e informados y equipos asistenciales preparados y proactivos. Es necesario colocar a la persona, y no a las enfermedades, en el centro del sistema.

Los profesionales necesitan conocer mejor a sus pacientes y desarrollar capacidades para escuchar, empatizar, entender y explicar. En definitiva, recuperar el valor de la palabra

El punto de entrada al sistema de enfermedades como la diabetes debe ser la atención primaria, que tiene que asumir la responsabilidad de liderar un proceso asistencial integrado, que ofrezca una atención coordinada y continua. Enfermería debería asumir un protagonismo especial en la gestión de estos problemas de salud, que tendría que adaptarse e individualizarse a las características tanto del estado de salud y riesgo de cada paciente como de sus valores y preferencias. Los modelos de atención a pacientes crónicos centrados en la continuidad asistencial, la educación para el auto-cuidado y el seguimiento de enfermería son una alternativa coste-efectiva que consigue mejoras clínicas, en calidad de vida y satisfacción, y en una utilización racional de los servicios.

Asistencia coordinada

Los pacientes perciben la continuidad asistencial como un elemento fundamental. Sin embargo, la realidad actual es la prestación fragmentada y episódica de una serie de atenciones puntuales por diferentes profesionales, sin comunicación ni coordinación entre ellos. La falta de institucionalización y formalización de la comunicación entre atención primaria y atención especializada limita la posibilidad de ofrecer una asistencia coordinada, coherente, lógica y sincronizada. Esta falta de integración asistencial duplica esfuerzos diagnósticos y terapéuticos, sin que se garantice que se atiendan todos los problemas. Todo esto produce demoras, retrasos, múltiples desplazamientos y repeticiones de pruebas.

La atención a pacientes crónicos debe ser flexible, individualizada, adaptada a las distintas fases de la enfermedad, a las necesidades de la persona, a su realidad, a sus familias y al medio cultural en el que hay que proveer la atención. La asistencia debe integrar la comprensión de la vivencia de la enfermedad, así como las respuestas humanas que emergen en esta situación, con las necesidades que tienen los pacientes y sus familias. La persona y su entorno, su salud y necesidades pasan a ser el foco central del sistema. Las tecnologías de información y comunicación pueden aportar un gran beneficio en el manejo de los pacientes crónicos. No obstante, la implantación de estas tecnologías, en forma de sistemas de información clínica con la integración de sistemas apoyo a la toma de decisiones, debe asociarse a la evaluación de los procesos asistenciales que se desarrollen, la necesidad de cambios organizativos y una planificación adecuada de las tareas.

Conectar niveles

La elevada frecuencia de polimorbilidad pone de manifiesto la necesidad de una asistencia global y continua de las personas, no solo de las enfermedades. Es preciso garantizar la interconexión entre los diversos niveles, y de cada paciente con el nivel asistencial que necesita. Para ello deben establecerse protocolos de tratamiento y seguimiento comunes, circuitos consensuados y la identificación efectiva de los líderes del proceso. El papel de enfermería tiene que responsabilizarse de la adecuada transición del paciente entre niveles, informándole de cómo relacionarse con el sistema sanitario, canalizando las consultas que se planteen y coordinando la intervención de los distintos profesionales implicados. Asimismo, debe instruir al paciente en la detección de los signos de alarma de descompensación o en la utilización de los tratamientos, y abordar todo el componente emocional de la enfermedad crónica.

Enfermedades como la diabetes no sólo se asocian a una notable utilización de servicios sino que tienen un importante impacto en las personas que las padecen. Varios aspectos de su vida cotidiana, personal, familiar, social y laboral pueden verse afectados, así como su capacidad funcional y calidad de vida. Este componente es enormemente trascendente, puesto que los cuidados y cambios que estas personas deben llevar a cabo para el control de sus enfermedades dependen directamente del compromiso y la responsabilidad que asuman con su enfermedad. Por ello, es imprescindible que el paciente se convierta en protagonista activo del manejo de su enfermedad.

Para conseguir la activación del paciente, la relación profesional-paciente es un elemento nuclear. Cuando el paciente percibe que su perspectiva, vivencia y decisiones sobre la enfermedad se tienen en cuenta, su participación y cooperación en el plan de tratamiento son más activas y efectivas.

No olvidemos que el paciente con patologías crónicas ha de manejar su enfermedad, lo que representa tomar la medicación, seguir una dieta o utilizar dispositivos. Debe, además, mantener, cambiar o introducir nuevas actividades en su vida. Y, además, tiene que hacerlo con las secuelas emocionales de tener una patología crónica que altera la visión de su futuro. Por esta razón, el profesional ha de estimular la reflexión en el paciente y la expresión de su propia vida, ofrecer alternativas, recursos, apoyo e información a los problemas que el paciente va identificando, y apoyar y ayudar al paciente en sus decisiones, una vez que ha incorporado una forma de actuar autónoma y responsable.

Para el tratamiento y seguimiento de la diabetes, como de otras patologías crónicas, existen tecnologías sanitarias efectivas, diagnósticas y terapéuticas. Lo importante de las tecnologías, y desde la perspectiva de los pacientes es que se desarrollen habilidades para estas herramientas adecuadamente y que puedan tomar decisiones con la información que brindan.

Por ello, comunicar información relacionada con la salud y motivar la participación del paciente en la toma de decisiones deben considerarse herramientas clínicas básicas. Los profesionales necesitan conocer mejor a sus pacientes y desarrollar capacidades para escuchar, empatizar, explorar, entender, explicar. En definitiva, recuperar el valor de la palabra como el cimiento sobre el que asentar una relación profesional-paciente efectiva.

La clave de la relación efectiva entre paciente y profesional es la comunicación eficaz a través de una escucha activa por parte del profesional, que permite conseguir un intercambio real de información para comprender la dolencia y que se dé mejor respuesta a las necesidades y expectativas del paciente. Además, la participación de manera activa del paciente también contribuye a la comprensión de la información, a incrementar su satisfacción y la confianza en el médico, y resulta positivo desde el punto de vista de la adherencia y la efectividad de los tratamientos. En definitiva, se trata de un modelo relacional que rompe la asimetría de la relación paciente-profesional reconociendo la existencia de dos expertos que intercambian información: uno, el profesional, experto en la enfermedad; el otro, el paciente, experto en vivir con la enfermedad.

A modo de conclusión, en la evolución del shock hay una primera fase en la que como consecuencia de la pérdida de volumen circulatorio, sea cual fuera la causa, hay una respuesta vasoconstrictora a varios niveles. Los procesos fisiopatológicos que se dan en esta fase tienen un objetivo compensatorio y el shock es reversible. Pero crean un círculo vicioso, de forma que si no se detecta y trata de forma precoz y agresiva el shock, el proceso continúa avanzando y entra en las fases de shock refractario que es irreversible. En el caso de las enfermedades crónicas, es evidente que el sistema sanitario está entrando en shock. Hasta ahora, estamos respondiendo de forma compensatoria, pero vamos a ir avanzando este proceso sin las medidas apropiadas. Sabemos que hay formas de evitar que entremos en la fase refractaria, pero hay que aplicarlas
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