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ESPAÑA
MANUEL GÓMEZ BENITO, PRESIDENTE DEL COLEGIO DE MÉDICOS DE SALAMANCA
Tribuna: La ineludible necesidad de la colegiación
La posibilidad de que la Ley Ómnibus que está desarrollando el Gobierno central decrete la voluntariedad de la colegiación médica es una amenaza, tanto para el profesional como para el ciudadano. El compromiso de los colegios profesionales con la sociedad justifica la necesidad de una colegiación que, según el autor, no puede estar al albur de los políticos.
Manuel Gómez Benito, Presidente del Colegio de Médicos de Salamanca - Martes, 7 de Junio de 2011 - Actualizado a las 00:00h.
El presidente de la Organización Médica Colegial (OMC) decía en una entrevista publicada el 26 de mayo en Diario Médico que se muestra esperanzado y optimista tras ver el mapa político salido de las elecciones autonómicas y municipales del pasado 22 de mayo. Cree que el presidente del Partido Popular, Mariano Rajoy, cumplirá con el compromiso que adquirió en favor de la colegiación universal en la cumbre mundial celebrada en Madrid, y que con la nueva situación política influirá para cambiar la adscripción en aquellas comunidades en las que es voluntaria. Ya me gustaría a mí pero, tras lo sucedido en anteriores ocasiones, soy escéptico.
Conviene insistir en la doctrina de los colegios profesionales, emanada de la Organización Médica Colegial, sobre la necesidad de la colegiación universal, que voy a exponer en los siguientes puntos:
1. La figura del médico como profesional de la salud es y seguirá siendo uno de los pilares básicos del Sistema Nacional de Salud (SNS).
2. Para que el médico pueda ejercer su profesión en estricto cumplimiento de los principios deontológicos que rigen se requieren dos requisitos: la independencia en el momento de tomar decisiones y la libertad para ejecutarlas.
3. Es preciso robustecer desde el punto de vista de dichas condiciones la colegiación obligatoria como en el resto de los países de la Unión Europea, incluso mediante una modificación que la recoja con mayor energía en la Ley Básica Estatal de Colegios Profesionales.
4. El futuro no se prevé, sino que se prepara, y para preparar el futuro de la Medicina tenemos que empezar a hablar de una Medicina global, sin fronteras territoriales, sin divisiones de ejercicio público y no público.
5. La colegiación obligatoria debe ser entendida como un bien social, constituyendo un beneficio para todos los ciudadanos. La única forma de garantizar la buena práctica profesional es la universalización de su control. Si no se involucra a todos los ejercientes, no hay control.
La profesión médica se ha convertido en una de las más reguladas en todo el mundo, precisamente para proteger a los ciudadanos frente a los eventuales casos de abuso de los médicos y, paradójicamente, para facilitar el ejercicio profesional en libertad y en condiciones adecuadas.
Podríamos seguir con muchísimos más argumentos justificativos sobre la necesidad de la colegiación universal, pero quiero valorar lo que pienso si la norma derivada de la Ley Ómnibus no la contemplara.
Si fuera así, se entraría en una serie de flagrantes contradicciones:
El borrador de la ley dice que no afectaría a profesiones de interés general, pero ¿hay alguna otra más necesaria que la profesión médica? Se comenta, además, que es el Ministerio de Economía y Hacienda el que más se opone, y alguien me tendrá que explicar qué pinta este ministerio en un asunto referente a un colectivo autónomo e independiente de los poderes del Estado, y que, además, se autofinancia.
Por lo que ha trascendido del contenido de la ley, cabe la posibilidad de que haya una solución salomónica, de forma que los médicos que trabajen en instituciones públicas no estén colegiados y los que ejercen en la sanidad privada sí lo estén. En este caso, ¿cómo se entiende que los colegios profesionales mantengan el control sobre las titulaciones (bastantes veces falsas, que se pretenden colar), sobre la mala praxis (en la que sería juez y parte el contratador) y sobre la ética profesional (exigible como primera condición), y que ese triple control pueda ser distinto para un facultativo que ve a un enfermo en un consultorio de un hospital público y el que lo hace en uno privado?
Trato diferenciado
Respecto a la actitud que tomarían los colegios de médicos ante una hipotética colegiación dividida (pública y privada), de ninguna manera podría ser la misma. Además de ser un planteamiento injusto, no se atendría a los estatutos colegiales, que defienden los mismos derechos y deberes sólo entre sus colegiados.
Los colegios profesionales se diferencian de las asociaciones y sindicatos, ya que la incorporación a estos es libre y a los colegios no. Ello tiene su proyección directa en la Constitución, ya que el asociacionismo (artículo 22) y el sindicalismo (artículo 28) están recogidos en la sección de derechos y libertades, mientras que los colegios profesionales (artículo 36) están en la sección de derechos y deberes. He aquí la gran diferencia.
Ante esto, ¿vamos a aceptar la disgregación? Porque, entre otras cosas, la institución colegial médica contribuye a articular un tejido profesional, cívico y social insustituible en el marco de una sociedad civil avanzada y participativa.
¿Vamos a prescindir de nuestra representatividad como clase profesional fuerte, cohesionada, independiente y autónoma, que además no ocasiona ningún gasto a un gobierno?
¿Vamos a renunciar a nuestra formación médica continuada, a nuestro desarrollo profesional continuo, que el colegio, de forma acreditada, nos proporciona? Los servicios jurídicos, fiscales y administrativos ¿nos iban a dejar de interesar? Nuestras aulas, nuestros centros de educación infantil, nuestras residencias de la 3ª edad (en nuestro caso en Salamanca), ¿las íbamos a dar por perdidas?
¿Con la renuncia, aceptaríamos que unos médicos que éramos colegiados "oficiales", con el prestigio que eso supone, queramos o no, a pasar a ser del grupo al que nos asignen?
Los que siguiéramos colegiados por obligación y/o por convencimiento, frente a los que renunciaran a la colegiación.El resultado es que tendríamos distintos derechos, pero, como médicos, mantendríamos los mismos deberes, supongo yo.
¿Quién controlaría el hipotético incumplimiento de estos deberes? Si los facultativos se pasan a la medicina privada en las ciudades grandes (en las pequeñas es más difícil), ¿quién detectaría que la ejercen sin colegiación: el empleador, la gerencia de salud de área, la consejería autonómica, el Ministerio de Sanidad?
¿Daríamos el mismo servicio y en igualdad de condiciones a todos los colegiados o no se podría? ¿Qué pasaría con la inclusión en cursos, seminarios o actividades de otro tipo para las que solicitaran inscripción? Obviamente, no deberíamos negárselos, pero las condiciones no podrían ser las mismas.
Es necesario normalizar, desde la confianza y la lealtad, las relaciones en el ámbito político y social con la estructura y el marco regulador colegial para el ejercicio profesional de la Medicina. Es una deuda ineludible con la sociedad.
Razones de peso
Queridos compañeros, ¿nos vamos a vender por un plato de lentejas? Si ya se nos vigila como grupo, ¿qué haríamos, qué seríamos, qué representaríamos uno por uno, inmersos en una sociedad que se olvida frecuentemente de nuestro trabajo, de la dificultad inherente a nuestra profesión, de nuestro altruismo, de nuestra generosidad?
Y si al fin comprendiéramos estos argumentos que me he atrevido a exponer, a lo que tendríamos que llegar (y no estoy hablando de una utopía) es a una colegiación que, si no fuera obligatoria, ni universal, o mitad y mitad, nosotros mismos tendríamos que hacerla necesaria, como vengo propugnando desde hace muchos años, y quitarnos esa duda, esa inseguridad que supone estar al albur de las decisiones políticas de turno.
¡No podemos prescindir de nuestra independencia, de nuestra categoría profesional y de nuestra influencia social! Por nuestro prestigio, nuestro esfuerzo por cumplir ética y deontológicamente con la sociedad de la que somos y formamos un importante pilar, debemos esforzarnos en ejercer la profesión con este ideal que no se puede prescribir por vía legal, sino que se debe inculcar y exigir como valor deontológico.
En definitiva, los colegios de médicos estamos comprometidos en esta tarea ante la sociedad, y este compromiso justifica por sí solo la necesidad de la colegiación obligatoria.
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lunes, 6 de junio de 2011
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