sábado, 7 de marzo de 2009

IntraMed - Noticias médicas - Curso de Formacion de Investigadores Clinicos 2009





02 MAR 09 | GEDIC
Curso de Formacion de Investigadores Clinicos 2009
Habilidades para el desarrollo de ensayos clínicos.
Curso de Formacion de Investigadores Clinicos 2009
“Prof. Dr. José Tessler”

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miércoles, 4 de marzo de 2009

SNS: ¿CRISIS?... ¿qué crisis?

TRIBUNA ABIERTA Y ANÁLISIS
EL MÉDICO INTERACTIVO - ESPAÑA
MARZO 2009
reiteración

SNS: ¿Crisis?... ¿Qué crisis?

José R. Repullo
Jefe Dpto. Planificación y Economía de la Salud
Escuela Nacional de Sanidad/Instituto de Salud Carlos III


Los antecedentes

¡Qué lejos parece quedar aquel enero de 2002 en que se completó la regionalización de la sanidad pública y se extinguió silenciosamente el INSALUD!. Recordamos la bienvenida autonómica al nuevo personal con una rápida carrera de nivelación de sueldos; recordamos las promesas de ampliación y mejora de centros y servicios para las elecciones autonómicas de 2003 que luego se convirtieron en compromisos de gestión; recordamos el déficit financiero autonómico de final de 2004, sobrevenido por éstas y otras alegrías del gasto, trasladado a suministradores del sistema a través de las facturas en los cajones y a generaciones venideras con concesiones de obra al estilo PPP - PFI; y recordamos cómo el nuevo gobierno central, que nadaba en la abundancia fiscal, salvó el apuro a las administraciones autonómicas con una operación de “financiación asistida” en 2005, poniéndose en cabeza de esa “fuga hacia delante”, consolidando de facto un modelo que iba escribiendo las reglas del juego según se jugaba la partida. Importante: de esta operación, el Ministerio de Sanidad y Consumo (silencioso espectador de la contienda financiera) obtuvo un jugoso pellizco presupuestario, que le otorgó en dos años finales de la legislatura una capacidad de gasto desconocida hasta la fecha.

Nuevo ciclo: recordamos en 2007 las renovadas promesas electorales de las CCAA; el sistema de “bail out” se consolida (cuando lo racional es hacer gestión temeraria), y desde finales de 2007 los suministradores empiezan a ver sus pagos retrasados de forma exponencial, e incluso las suplencias de verano y enfermedad se contraen hasta límites desconocidos. Todos esperan al nuevo gobierno central en las elecciones de 2008 para reeditar una nueva operación de salvamento (“Financiación Asistida 2”, al estilo la segunda entrega de la Guerra de las Galaxias). Pero el guión de este segundo ciclo parece haberse roto por dos frentes: el político (en torno a los nuevos estatutos de autonomía) y el económico (la crisis... ¿qué crisis?).

Lo político

La epidemia de nuevos Estatutos de Autonomía, profundiza en la senda centrífuga inserta en el genoma de la Constitución Española, y cuya expresión fenotípica ha sido ampliamente alimentada por la poderosísima maquinaria política y administrativa de las CCAA, que se han convertido en los actores políticos dominantes en España, al concentrar el núcleo fundamental de servicios del Estado de Bienestar.

Tras el impulso estatutario catalán se desencadena una fuga hacia delante de todas las autonomías, precipitando un proceso tan caótico como pintoresco; así lo ven algunos desde fuera (lo pongo en inglés para no molestar a nadie): “The new charters combine bureaucratic detail with romantic verbosity. Local preferences loom large: the Catalans want to protect their language; left-leaning Andalusians want free school textbooks, publicly financed flamenco and equal numbers of men and women on public bodies. But some features are common, especially the paeans of praise for distinctiveness, cultural and historical” (The Economist de 1 de marzo de 2007).

Lo partidos políticos de ámbito nacional (PP, PSOE e IU) no parecen haber sido capaces de globalizar en este contexto un proyecto claro de reforma institucional del Estado, confirmando la hipótesis de que 30 años de cambio del centro de gravedad hacia el ámbito regional ha acabado por balcanizar la arquitectura interna de los aparatos de los partidos (baronías). Incluso el Partido Popular, donde la preponderancia ideológica nacionalista-española y la identidad mesetaria facilitaban una visión de conjunto, parece haber iniciado un camino de “normalización” que no sólo incluye una saludable “des-copeificación”, sino que incorpora una adaptación al modelo político general de ajuste a sus grupos de interés regional.

La falta de visión integradora consolida un discurso por el cual los atributos y derechos de los ciudadanos españoles pasan a computarse y atribuirse agregadamente a un sujeto colectivo que es la CCAA. La diferencia es relevante: por ejemplo, no tiene demasiado sentido territorializar las prestaciones de la Seguridad Social (pensiones, desempleo, etc.) pues son derechos que siguen a las personas; pero al haber metido el conjunto de prestaciones sanitarias, educativas y sociales dentro de un modelo de financiación incondicionada a las CCAA, es enormemente fácil atribuir a cada territorio su cuota de PIB, su balanza fiscal, su educación, su salud, etc. Lo malo es que no enferman ni mueren los territorios, sino las personas.
En todo caso, esta deriva de federalización es un fenómeno primordialmente político, y desde el punto de vista sanitario hay poco que añadir.

En último término se trata de preferencias políticas en un contexto de proceso histórico: Suiza funciona por cantones, y Suecia por municipalidades y condados. Pero si queremos operar en estas coordenadas, las reglas del juego políticas, económicas, sociales y de gobierno, deben cambiar de forma coherente. Siendo tan atractiva para las CCAA la situación actual, en la cual uno recauda y diecisiete gastan, no está claro que los agentes políticos quieran realmente hacer evolucionar el escenario de forma coherente con las expectativas políticas de emancipación y autodeterminación.

Lo económico

¿Cómo mantener la fuga hacia delante cuando la economía se estanca, y el gasto público va a tener que estirarse para abarcar necesidades mayores?. Los nuevos Estatutos obligan a reformar la Ley 21/2001 de financiación autonómica, que ya estaba tocada de muerte por sus propios pecados originales. En efecto, Rodrigo Rato consigue centrifugar los inflacionarios servicios de bienestar de las CCAA e imponer un control del endeudamiento: cabría hablar de un “oportunismo ex - ante” pues se pasa una patata caliente y se pide que se ajuste al dinero asignado (cuando la administración central casi nunca había practicado esta disciplina presupuestaria que ahora predicaba y exigía).

Las CCAA responden con un “oportunismo ex – post” que les lleva a la mencionada gestión temeraria, que en muchos casos se combina con una práctica electoralista de eliminación de impuestos o de no utilización de tramos tributarios que podrían generar ingresos adicionales. Entre unos y otros se organiza un juego de pícaros, aderezado por cambio demográficos enormes que desbordan las imperfectas reglas de ajuste dinámico del modelo.

Pero para la nueva reforma de la financiación autonómica se requiere dinero adicional, porque la regla de oro es que “algunos ganen pero ninguno pierda”. La falta de un colchón financiero suficiente hace difícilmente viable la operación; Felipe González (el País 7/05/2008) lo expresaba claramente: “En estas circunstancias, cabría esperar que los responsables autonómicos, junto con los del gobierno central, los agentes económicos y sociales y los responsables políticos, centren la atención en la recuperación de la actividad para frenar la caída del empleo. (...) el máximo esfuerzo negociador lo dedicaría a esta política anticíclica que atenderá más claramente a las necesidades inmediatas de los ciudadanos y dejaría para un momento posterior -y más favorable- la negociación de un nuevo sistema de financiación autonómica”.

Pero no es sólo el contexto: el juego de pícaros está llevando a la conclusión de que la única opción racional es que las competencias de ingresar dinero y de gastarlo estén en las mismas manos. Esta es la senda del federalismo fiscal a la que apuntan los nuevos Estatutos, que tiene la ventaja de reducir el oportunismo, pero tiene un inconveniente importante: “... re-dibuja un modelo de Estado español con funciones más limitadas y menor capacidad de acción colectiva y de re-equibrio de necesidades y oportunidades. Si esto ocurre, podría consolidarse un Estado «anoréxico» que tendría dificultades para articular la arquitectura social de España, especialmente en épocas de menor crecimiento económico”.

En relación con la Sanidad, la encrucijada parece tener dos sendas: a) reconsiderar la asistencia sanitaria pública como prestación de la Seguridad Social con la gestión transferida la las CCAA, y sobre esta base reinstalar una financiación finalista sanitaria de tipo capitativo (ponderada y corregida... pero vinculada a la población con derecho), de forma que el “dinero siga al ciudadano”. La otra alternativa es aceptar que la Sanidad es realmente una prestación autonómica, y que el papel del Gobierno central será esencialmente de ecualizador lejano y distante de desigualdades asistenciales y de salud (en línea con el proceso seguido en Italia). La primera alternativa es jurídicamente viable (dadas las ambivalencias normativas de todo el proceso transferencial), pero políticamente poco planteable, habida cuenta la ausencia de paladines políticos que defiendan modelos más centralizados de prestaciones sociales (¡gracias a los agentes sociales aún perdura la caja única de la Seguridad Social!).

Los borradores de propuesta de Solbes, aparecidos en los últimos días del pasado año, parece que optan por un ingenioso modelo híbrido, donde una parte del presupuesto autonómico (fondo de garantía de los servicios públicos fundamentales) estaría blindado para asegurar igual financiación por habitante de acuerdo a ajustes o ponderaciones. No son fondos finalista, pero si están marcados para obligar a su cobertura antes de pasar a cubrir o nivelar necesidades o servicios públicos no fundamentales. Veremos cómo queda.

Las tres trincheras


Pero volviendo a las dinámicas centrífugas y a las posibilidades de articular el funcionamiento de un Sistema Nacional de Salud, cabría revisar tres escenarios en la evolución post-constitucional, usando la metáfora de las trincheras que ha intentado poner la Administración General del Estado para evitar la fuga de los servicios sanitarios del control central.

Así, frente a la irresistible atracción autonómica de abandonar la “casa común”, se diseñó una primera trinchera de resistencia: la desconcentración (descentralización blanda o de gestión) de la Ley General de Sanidad de 1986, vinculada a un modelo de financiación finalista, y de prestaciones y servicios regulados centralmente. La segunda trinchera se excavó más lejos, bajo la bandera de la Ley de Cohesión y Calidad de 2003: el modelo de devolución limitada (creada de facto por la Ley 21/2001 y los decretos de transferencias), buscaba construir a toda velocidad un centro de gobierno y coordinación del SNS, que pudiera frenar la desbandada generada tras la desaparición del INSALUD. Vano intento, pues ya había sido ampliamente desbordada por los acontecimientos. Y además, se trató de un esfuerzo más simbólico que práctico, pues dicha Ley no otorgó ningún recurso normativo nuevo, y los instrumentos de gobierno del SNS se mantuvieron en el mismo plano de insoportable levedad (en particular el Consejo Interterritorial).

En la legislatura de la Ana Pastor, además de desencadenarse una tempestad normativa, quedó demostrada la disfuncionalidad profunda de un Ministerio que no tenía función financiera ni operativa relevante: cada cosa que decía la ministra respecto a mejora de prestaciones y servicios, trasladaba presión y costes a los consejeros autonómicos (el famoso “invito yo y pagas tú”). La legislatura de Elena Salgado fue mucho más cauta, y significó un repliegue a un perfil más bajo, con escasas excursiones fuera de los márgenes competenciales del Ministerio de Sanidad, lo que le llevó a la imagen de escaso compromiso y liderazgo. En el fondo, lo que se fue imponiendo fue la conciencia de un nuevo juego político e institucional muy poco favorable para la administración general del Estado: el Gobierno de España, gaste lo que gaste, y se esfuerce lo que se esfuerce, tendrá que acostumbrase a que todo lo bueno será mérito autonómico, y todo lo malo será por su racanería o desconsideración. En estas condiciones, la propia administración sanitaria central empieza a ver ventajas prácticas de considerar tácitamente que ya no existe la segunda trinchera.

La tercera trinchera, que muchos empezamos a propugnar, más que una barrera para la descentralización del SNS, sería un dique de contención para la irracionalidad. Se trataría de construir con realismo e inteligencia, y desde la actual base competencial, un esquema de gobierno de abajo a arriba, que permita aprovechar las sinergias, y promover la creación de una casa común desde la propia diversidad. A esto se refieren las propuestas de Agencia del SNS y figura del Comisionado que JM Freire y yo mismo hicimos en el informe SESPAS 20082, y en esta clave se empiezan a mover iniciativas de “abajo a arriba” que están poniendo en marcha los Servicios de Salud de las CCAA para coordinar políticas de Recursos Humanos o para negociar insumos y procesos (¡curiosamente sin presencia del propio Ministerio de Sanidad!).

El nuevo Ministerio de Sanidad... sin el Carlos III

Avanzamos a una situación compleja y potencialmente conflictiva, donde se han de tomar muchas decisiones trascendentes, y la “no decisión” supone también una opción con consecuencias relevantes. En estas coordenadas la función de gobierno es esencial para aprovechar oportunidades, y gestionar procesos de trasformación que minimicen el estrés político y social, y hagan posible cambios estructurales.

En 2005, y dentro de la bonanza económica, se propuso desde el mundo profesional y de los agentes sociales, revisar el “contrato social” para garantizar un SNS sostenible3; era un buen momento, pero la idea no fue atendida políticamente. Ahora que los márgenes son muy escasos, no queda más remedio que poner encima de la mesa las reglas del juego del propio sistema. De los cinco ejes de aquella propuesta de reflexión sobre cambios estructurales para el SNS (suficiencia, solidaridad, sostenibilidad, racionalidad y gobernabilidad), este último eje se ha ido mostrando como determinante para hacer posible que el SNS responda a los retos de futuro, especialmente cuando la situación se hace más dinámica y conflictiva.

Para que el propio Ministerio de Sanidad y Consumo asumiera un papel más activo en el gobierno del SNS se precisaban cambios que no se produjeron tras la trasferencia de 2002: la escasa capacidad normativa debería haber sido compensada con un fortalecimiento de la capacidad de incentivación económica para promover líneas de actuación y programas, y de la capacidad técnica para gestionar el conocimiento de un sistema con cambios tecnológicos y organizativos muy amplios y disruptivos.

El esquema dibujado en las tres leyes del 2003 (Cohesión, Ordenación de Profesiones y Estatuto Marco) exigía una tecno-estructura administrativa y científica que no existía. El lugar natural para ubicar buena parte de ésta, hubiera sido el Instituto de Salud Carlos III, donde estaba el soporte epidemiológico y de salud pública, y donde se habían ido injertando en los 90 funciones nuevas como la evaluación de las tecnologías y la financiación de la investigación sanitaria. Otra opción hubiera sido crear una Agencia que recogiera y refundara el know-how del extinto INSALUD.

Se optó por una vía poco efectiva: crear dentro del mundo burocrático del propio Ministerio una serie de institutos (información, observatorio, calidad, ... anidados dentro de una unidad administrativa nominalmente bautizada como Agencia) que encuadraron personal del desguace del INSALUD y emprendieron un esfuerzo descomunal para poder acercarse a las expectativas desmedidas que las tres leyes habían creado. La llegada del maná económico en 2006 y 2007 (de la conferencia de presidentes) si bien generó mayor capacidad de iniciativa, agravó la insuficiencia administrativa y técnica de la estructura del Ministerio, al tener que asumir con el mismo personal la gestión de procesos nuevos de subvenciones, concursos, ayudas, convenios y encomiendas. La tradicional penuria de medios fue reemplazada de la noche a la mañana en un zafarrancho de combate para intentar gastar los fondos, o centrifugarlos a CCAA o entes que pudieran gastarlo antes de final de año.

La teoría del caos podría explicar las carambolas del cambio de legislatura; la teorización de que la investigación y el conocimiento son las semillas de un futuro desarrollo productivo, económico y social (agenda de Lisboa), llevan a prestigiar este ámbito hasta el punto de traer a Sanidad a una persona como Bernat Soria, del mundo de la investigación básica de las células madre: el Carlos III, de ser un ente de escasa visibilidad en el entramado institucional del Ministerio, pasa a estar bajo los focos como gran protagonista en la nueva etapa. Etapa breve, pues apenas un año después, y con el argumento de concentrar la I+D+i a nivel de Gobierno, se crea un Ministerio de Ciencia e Innovación que abduce al Carlos III, sin ninguna piedad para las funciones no investigadoras, y con escasa compasión para el papel residual del Ministerio de Sanidad sobre las unidades del mismo (la fórmula empleada en la DA3 del RD 1183/2008 en vez de hablar de dependencia funcional, habla de “incorporar al MSC en la toma de decisiones” en una serie tasada de materias).

Con este cambio la administración sanitaria central sale claramente perdiendo: se pierde tamaño, recursos científicos y legitimidad; se pierde además agilidad institucional (estructura de Organismo Público de Investigación, en un futuro previsto el pase a la fórmula de Agencia Estatal). En estas condiciones, la debilidad percibida es de tal calibre, que las propias administraciones autonómicas parecen darse cuenta del nuevo peligro: que desaparezca el propio Ministerio de Sanidad, lo cual les dejaría sin interlocutor simétrico; o que sea tan débil, que no sirva de elemento de apoyo y trasmisión de sus propias necesidades y reivindicaciones económicas hacia el núcleo duro del Ministerio de Economía y Hacienda (es esperable que desaparezca la crispación del Consejo Inter-territorial como resultado de este cambio de actitud). Incluso agentes económicos del sector (industria) cuya cuenta de resultados va muy ligada al aumento del gasto sanitario, también pueden ver con preocupación esta licuefacción de la autoridad sanitaria central.

¿Quo Vadis SNS?

Lo curioso de la situación actual, es que hemos hecho el grueso del gasto en establecer un modelo de SNS descentralizado y con un poco más de esfuerzo e inteligencia, podríamos cosechar muchas ventajas de la “multiplicidad de experimentos naturales” (por ejemplo, aprender de las innovaciones de los demás, comparar nuestros centros y servicios, ensayar sistemas ágiles y modernos de compra conjunta o coordinada, extender buenas prácticas e innovaciones bien evaluadas, y un largo etcétera). Pero hasta ahora no ha ocurrido de forma abierta, sistemática y generalizada; y las perspectivas antes descritas no crean un entorno muy favorable, a priori, para este avance de gestión cooperativa.

Sin embargo, el futuro no está escrito; vamos aprendiendo que el criterio de realidad viene más por el lado de la economía que por el de la política; y por eso, puede ser que sea este el momento en el que toque tomar decisiones. En todo caso, para ello se necesita asumir un nuevo enfoque, y construir una serie de consensos que permitan redefinir el SNS y crear la arquitectura de gobierno y gestión que sea coherente con el marco institucional y financiero en el que estamos. Aunque no hay muchas razones para ser optimistas en el corto plazo, no hay que descartar que enfrentados a situaciones donde no queda más remedio que salirse de la senda trazada, al final se asuman opciones más reformistas y racionalistas que las ensayadas hasta ahora.

No hay mucho tiempo, pero la idea de un pacto de Estado parece que por fin se va abriendo camino. Con realismo: si no hay ya segunda trinchera, busquemos un acomodo en la tercera, para defender la racionalidad y la sostenibilidad; no tiene mucho sentido hablar de lo que pudo haber sido y no fue, pues sólo sirve para alimentar la melancolía.

A diferencia de Elena Salgado, parece que Bernat Soria ha debutado en su segunda reencarnación de esta legislatura proponiendo activamente un Pacto para la Sanidad. El 2 de junio en el Congreso de los Diputados lo delimitaba en torno a una serie de ejes4 interesantes, aunque aún no bien articulados (recursos humanos, cartera común de servicios, unidades de referencia, racionalización del gasto sanitario, política de salud pública, calendario vacunal común, garantías de tiempos máximos de espera, políticas de calidad e innovación, consumo de drogas...). El Partido Popular ha reaccionado positivamente; muchos Consejeros de Sanidad se van apuntando rápidamente... Por lo tanto parecería que tenemos condiciones para abrir un nuevo escenario.

El Otoño, y luego el Invierno han venido; el frío y el viento parecen haber barrido de la agenda pública el Pacto por la Sanidad. Algunos dijimos que en aquel esquema faltaba lo principal: no se aborda la propia organización del SNS, que es el principal activo que debe dar respuesta a los problemas actuales y futuros. Y esta tarea exige revisar componentes esenciales del contrato social para la Sanidad. Esto significa que son los actores principales del escenario político, parlamentario, de agentes sociales, de instituciones y de sociedad civil y profesional, los que tienen que estar engarzados en un debate sobre reglas de juego (más que de contenidos). Si el presidente Rodríguez Zapatero lideró en las conferencias de presidentes la iniciativa de rescate económico del SNS en 2005, en este momento algo parecido debería ocurrir para conseguir el consenso necesario para cambiar algunas partes profundamente disfuncionales de la arquitectura de coordinación y gobierno del sistema público de salud.

Por tanto: bien la música del pacto; menos claro si al final habrá baile; y con cuidado, no vaya a ser que en medio de la desorientación política, la tormenta de las restricciones financieras, cree un vórtice de entropía que arruine la fiesta.

Nota
Tomado con autorización del Boletín “Economía y Salud” nº 63, de 21 de Octubre de 2008, de la Asociación de Economía de la Salud, con actualización menor de contenidos (el trabajo no expresa opiniones oficiales de AES o del Boletín de Economía y Salud)


El Médico Interactivo es una publicación electrónica dirigida exclusivamente al profesional sanitario destinado a prescribir o dispensar medicamentos, por lo que se requiere una formación especializada para su correcta interpretación. El Médico Interactivo está por ello reconocido oficialmente por las autoridades sanitarias correspondientes como Soporte Válido para incluir publicidad de medicamentos o especialidades farmacéuticas de prescripción dirigida a los profesionales sanitarios (S.V. 214-R-CM).

RUMBO LEGAL

TRIBUNA ABIERTA Y ANÁLISIS
EL MÉDICO INTERACTIVO - ESPAÑA
MARZO 2009
Tenemos que cambiar de rumbo legal
Francisco Toquero
Vicesecretario de la OMC


Atendiendo la petición del Consejo Interterritorial, la Dirección General de Recursos Humanos del Ministerio de Sanidad y Consumo preparó un proyecto de Real Decreto de Reconocimiento de Títulos de Especialistas obtenidos en países extracomunitarios. En la elaboración de este texto no se ha consultado a ninguna de las organizaciones representativas de la profesión médica en sus diferentes ámbitos, que han calificado a esta iniciativa como auténtico “coladero”, tal como han refrendado en reiteradas ocasiones los Representantes Nacionales de la Organización Médica Colegial.

El modelo actual del sistema sanitario ha dejado de funcionar, entre otras cuestiones, por una subdivisión del sistema en 17 subsistemas, cada uno de ellos con autonomía plena, a lo que hay que añadir la inexistencia de políticas globales que tengan como eje el paciente y la equidad del Sistema Nacional de Salud, predominando la rivalidad entre los partidos políticos.

Existe una “anarquía legal” en casi todos los servicios de salud, que contratan de forma irregular a médicos Pre-95 sin acreditación, post-95 sin especialidad, extracomunitarios sin homologar, especialistas sin reconocimiento de la especialidad, dando lugar -además de la ilegalidad anteriormente citada- a un maremagnum de variabilidad profesional, que merma la calidad asistencial que tanto se preconiza por parte de los políticos y establece desigualdades entre los profesionales y entre la asistencia que reciben los pacientes. No se pueden olvidar, pues, las últimas denuncias sobre falsificación de títulos de médicos, de supuestos profesionales, que trabajaban para servicios sanitarios públicos, como los de Andalucía y Extremadura, por ejemplo.

Este Proyecto de Real Decreto pretende además igualar la titulación solo por la vía administrativa, sin tener en cuenta lo más fundamental e importante que es la convalidación académica ya que en numerosos países extracomunitarios, en la formación que reciben los estudiantes, hay un desfase no de cientos de horas, sino a veces de miles de horas. Por ejemplo, en Venezuela se quiere aprobar un decreto por el que las horas de formación en los estudios de Medicina sean 2.500 (las horas necesarias para la licenciatura de Medicina en los países del entorno europeo son 7.500), eso sin contar la especialidad de Medicina Familiar y Comunitaria que no existe en la mayor parte de países iberoamericanos.

En esta situación no podemos hablar de carrera profesional, reacreditación, recertificación… si se comete tamaña injusticia. Sin legalidad no hay equidad. No se puede ser extremadamente exigente con el colectivo nacional pre-95, al que se le ha exigido -para ser cualificado- formación extra, realización de una ECOE, supeditación a baremos discriminatorios, cuantificación de horas laborales, de horas lectivas de formación…y ahora de golpe abrir la puerta a otros.

Actualmente se pretende ofrecer una fotografía falsa de la situación actual, propia de una gestión incompetente, que intenta solucionar problemas “in situ” sin diagnóstico previo ni análisis pormenorizado, escudándose en una falta de profesionales mientras se siguen haciendo contrataciones en condiciones laborales impropias de esta época, atentando a las normas más elementales del derecho laboral.

Hace exactamente unos 4 años estábamos ante una plétora de médicos, que permitía a las Administraciones hacer bolsas de especialistas médicos altamente cualificados que trabajaban a destajo, con contratos en precario y de una manera indigna. Hoy día es todo lo contrario, hemos pasado a una “supuesta” falta de profesionales médicos de todas las especialidades y en todos los sitios. ¿Qué ha pasado realmente? ¿Cuál es el origen de ese cambio?
La causa es multifactorial, pero podríamos resumir la etiología del problema en una frase: el maltrato sistemático del profesional, en todos los órdenes (laboral, profesional, económico, etc.). Y a esto hay que añadir una pésima planificación de las necesidades sanitarias y una casi nula y en exceso politizada gestión de lo “cotidiano”, dando la espalda al profesional sin contar con su opinión. Así estamos.

Los médicos y las instituciones que representan a los profesionales han de involucrarse más en la situación y actuar con contundencia. Hace falta su implicación para poner en conocimiento de la ciudadanía problemas trascendentes de los que precisamente es la sociedad (los pacientes) quienes van a sufrir las posibles consecuencias.

Se crean hospitales o centros de salud con criterios políticos donde no hacen falta, se duplica la cartera de servicios por presiones interesadas, se ofrecen prestaciones sin justificación médica, y así un largo etcétera de medidas más populistas que necesarias y efectivas. El esperpento llega cuando por esa falta de planificación y sensatez en la decisión se necesita del baluarte humano para la resolución del problema. No han contado con que formar un especialista médico le cuesta a la sociedad una importante cantidad de dinero y al interesado una buena dosis de esfuerzo y un irrecuperable y prolongado tiempo de formación (unos 10 años de media).

Para salir del paso, la única solución que encuentran es importar mano de obra. Así, se acude al entorno extracomunitario y, saltándonos los preceptos legales nacionales e internacionales, se importan médicos con títulos no homologados, con criterios de formación y de calidad sin equiparar a lo que la sociedad demanda y al usuario se le ofrece, y se les habilita temporalmente.

Estamos ante una medida discriminatoria e injusta. Habilitar ahora -aunque sea temporalmente- sin preocuparse de los criterios formativos y legales a priori, cuando hasta ahora se ha sido tan absolutamente rígido y exigente con los médicos nacionales, es inaceptable. No es de recibo el “todo vale” para resolver unos problemas que antes no existían y que la incompetencia gestora ha creado ahora, ni en este asunto ni en otros como la prescripción enfermera o la atención farmacéutica.

Hemos de realizar una reforma de base de todo el sistema de homologación de títulos, habilitar procedimientos y soluciones, debatidas y consensuadas con las organizaciones representativas profesionales y cuyas disposiciones y conclusiones sirvan realmente para restaurar la legalidad en esta materia. Hay que llamar la atención a los responsables políticos y las Administraciones sanitarias -central y autonómicas- sobre la importancia de “regular los flujos migratorios en las profesiones sanitarias”, desde la vertiente “competencial” y “contractual”, que se ajusten a los valores profesionales y académicos de legalidad, formación, competencia, profesionalidad y ejercicio ético responsable.

Para ello es necesario y primordial respetar los criterios formativos, competenciales, laborales y de calidad, que les exigimos a nuestros homólogos nacionales y que son defendidos en todos los foros de nuestro entorno europeo y reconocidos allende nuestras fronteras. Rechazamos que se realicen experimentos que conculquen la legalidad, los derechos de pacientes y profesionales, y nos debemos oponer a todas aquellas políticas sanitarias que intenten resolver las insuficiencias del sistema sanitario con medidas que perjudique los logros y niveles de calidad adquiridos por la sociedad y que vayan en contra de los propios pacientes y de la profesión médica.

• En un país donde se incentiva el no aumentar la capacidad laboral de sus profesionales mediante la exigencia de exclusividad en varias CC.AA, donde se les pretende jubilar obligatoriamente a los 65 años, aun estando con plena capacidad laboral, y donde el profesional es maltratado laboralmente en sus condiciones de trabajo, donde se discrimina al médico en logros laborales o conciliación de la vida laboral y familiar, conseguidos por el resto de trabajadores de otros sectores, no vemos necesario el abrir una vía rápida para los títulos de homologación de grado y especialidad obtenidos en el extranjero, menos aun si no se les exige igual nivel académico y profesional que a los médicos nacionales.

• La actual situación de crisis económica va a frenar con seguridad el nivel de contratación de profesionales por los servicios de salud públicos y privados, lo que seguramente dará lugar a la reaparición del paro en el sector (el subempleo ya existe de forma importante).

• No podemos permitir que esta importación de profesionales descapitalice de estos recursos a países extracomunitarios que los necesitan más que nosotros.

• No podemos aumentar los desequilibrios en la equidad del sistema.

• No debemos poner en peligro la universalización del sistema haciendo que proliferen empresas de gestión y de servicios sanitarios.

• No podemos volver a la situación de plétora de médicos de los años 80.

En los últimos años, se suceden en los países ricos, como nunca antes, situaciones de creciente demanda de médicos de cualquier procedencia, agravadas por el insuficiente marco normativo, susceptibilidad entre los "beneficiarios" y desconocimiento casi total de los temas mencionados y de sus consecuencias entre la población general, al no haber sido suficientemente bien difundidos, pese a los esfuerzos de algunas instituciones, principalmente médicas.

La mala distribución y aprovechamiento de los recursos médicos en los países desarrollados conlleva, muchas veces, el detraer a los países menos desarrollados sus recursos humanos, desabasteciendo así su asistencia sanitaria.

Cada día es más necesario aunar esfuerzos y voluntades nacionales y supranacionales que permitan crear conciencia y opinión de esta situación. Los Estados deben sentir la necesidad de poner en marcha políticas dirigidas a proteger y garantizar los recursos sanitarios de que disponen las zonas menos desarrolladas, en vez de quitárselos para cubrir sus propias necesidades fruto de una mala gestión.

Es necesario, respetando las peculiaridades organizativas, estructurales y condicionamientos de cada país, trabajar los campos comunes que benefician el desarrollo de la profesión médica para los mejores estándares de calidad cara al paciente: formación postgrado, titulaciones, enseñanza, seguridad en el paciente, registros de profesionales, información fármaco terapéutica, etc.
Hay que rechazar, en definitiva, la utilización de la Sanidad y de sus profesionales, con fines políticos partidistas, tergiversando las expectativas esperanzadas de la población.

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martes, 3 de marzo de 2009

IntraMed - Noticias médicas - Cerebro y naturaleza



23 FEB 09 | Escepticemia por Gonzalo Casino
Cerebro y naturaleza
Sobre la llamada del medio natural y los estímulos de la gran ciudad.


Jano.es
Al parecer, el cerebro humano tiene especial debilidad por la naturaleza. Para funcionar correctamente, parece necesitar cierto contacto con el medio natural, ya que si falta este contacto se resienten la capacidad cognitiva y hasta la salud. Esta idea de que necesitamos la naturaleza como refresco mental y tónico para el cuerpo, está fuertemente asumida en el mundo occidental, urbanizado en extremo y afectado por una acusada nostalgia de la naturaleza.

ABRIR AQUÍ
IntraMed - Noticias médicas - Cerebro y naturaleza


United States Files Suit Against Missouri-Based Pharmaceutical to Block Manufacturing and Shipping of Unapproved Drugs
Company Agrees to Permanent Injunction
WASHINGTON – The United States has filed a lawsuit to block KV Pharmaceutical Company, its subsidiaries, ETHEX Corp. and Ther-Rx Corp., and its principal officers from making and distributing adulterated and unapproved drugs, the Justice Department announced today. At the same time, KV agreed to the injunction in a consent decree.

The FDA conducted inspections of KV facilities between December 2008 and February 2009 and found that the St. Louis-based company had committed significant violations of the Food and Drug Administration’s (FDA) Current Good Manufacturing Practices (CGMP) regulatory requirements and continued to manufacture unapproved drugs. As a result of FDA’s inspections, KV recalled products manufactured and distributed from its facilities. Those recalled products will be destroyed.

Under the terms of the agreement reached with the government, the defendants cannot resume manufacturing and distributing drugs until an independent expert, retained by KV, conducts a comprehensive inspection of the company’s facilities and certifies that they are in compliance with the FDCA and CGMP, and FDA gives written notification that they can resume operations. Thereafter, the consent decree requires defendants to retain an independent expert to conduct audit inspections of the company’s drug manufacturing operations to ensure they remain in compliance. The inspections must occur once every six months for a period of no less than two years and annually thereafter for an additional three years.

The agreement states that should the defendants fail to comply with the consent decree, FDCA or GCMP in the future, it empowers FDA to order the defendants to cease operations, recall drug products and/or take other correction actions. The consent decree also imposes liquidated damages on KV if it fails to comply with an of its provisions.

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09-182

domingo, 1 de marzo de 2009

Red de pacientes formadores en seguridad del paciente



GESTIÓN SANITARIA
Sanidad pone en marcha la Red de pacientes formadores en seguridad del paciente
JANO.es · 26 Febrero 2009 05:45

La participación del paciente en el SNS se traduce en la toma de decisiones compartida con el profesional sanitario



El Ministerio de Sanidad y Consumo ha puesto en marcha en el marco del Sistema Nacional de Salud (SNS) la Red de pacientes formadores en seguridad del paciente, que ha sido impulsada por la Agencia de Calidad del SNS con el soporte de la Escuela Andaluza de Salud Pública.

La iniciativa, que responde al compromiso de lograr una asistencia más segura y de mayor calidad para todos los ciudadanos, supone la participación activa de los ciudadanos en el ámbito de la formación en seguridad del paciente del sistema sanitario.

Además, los responsables de la red destacan que su creación responde a uno de los objetivos específicos recogidos por la Estrategia de Seguridad del Paciente del Sistema Nacional de Salud, que invita a “promover la participación de pacientes y ciudadanos en las políticas que se desarrollan en seguridad del paciente”.

La participación del paciente en el SNS se traduce en la toma de decisiones compartida con el profesional sanitario, que lo sitúa como protagonista y principal conocedor de su enfermedad y evolución clínica y social.


Formación en cascada

A través de una metodología de formación en cascada, la Red de pacientes formadores en seguridad del paciente se basa en talleres presenciales para formadores y pacientes, con el apoyo de aula virtual, y dispondrá en breve de portal web con espacios propios para formadores, pacientes y asociaciones. Asimismo, se han desarrollado tutoriales, recursos prácticos, didácticos y audiovisuales, y foros y comunidades del conocimiento.

En su primera edición, la red tiene como objetivo la formación de entre 60 y 70 ciudadanos, seleccionados por las organizaciones de pacientes y consumidores participantes en el proyecto, de acuerdo con unos criterios de calidad y de habilidades pedagógicas y de comunicación. Ellos se convertirán posteriormente en los formadores de la siguiente promoción, que podría incluir de entre 120 a 150 pacientes-alumnos.

Entre los contenidos formativos previstos para 2009 figuran asuntos relacionados con cuidadores, prevención de infecciones, uso seguro de la medicación y prácticas sencillas.

De acuerdo con las experiencias internacionales al respecto, los beneficios de proporcionar al paciente una formación de calidad tienen como resultados, entre otros, una mayor satisfacción del paciente, mejores resultados clínicos, mejor relación y comunicación con los profesionales sanitarios, así como la reducción de la ansiedad y de los efectos adversos relacionados con la prescripción de fármacos.

Asimismo, también se asocia con notables beneficios para los pacientes en cuanto al incremento de la autoestima, la incorporación de hábitos de vida saludables, la disminución de las visitas a urgencias, la mejora del cumplimiento terapéutico, la reducción del número de depresiones, la disminución de las bajas laborales y el aumento de la confianza.

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10 FEB 09 | Escepticemia, por Gonzalo Casino
Más es menos: a mayor información, mayor ignorancia
Sobre la revolución de la desinformación y sus mecanismos.

Escepticemia

A mayor información, menor conocimiento. Esta paradójica afirmación puede ser una buena máxima para ilustrar lo que pasa con algunas cuestiones innecesariamente candentes en nuestros días, desde el cambio climático inducido por el hombre a la evolución darwinista.

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