lunes, 12 de diciembre de 2011

No matemos al mensajero - DiarioMedico.com

FRANCESC MOREU, GESTOR SANITARIO

No matemos al mensajero

La revisión del aseguramiento público de la salud, propuesta por el consejero catalán Boi Ruiz, ha causado un revuelo que debería matizarse. Algunas de sus propuestas, que en absoluto son nuevas, se han desfigurado, por lo que habría que replantear cómo se valora la adaptación de modelos similares al holandés y el alemán.
Francesc Moreu. Gestor sanitario.   |  12/12/2011 00:00

Las declaraciones del consejero de Salud de Cataluña sobre la conveniencia de la revisión del aseguramiento público de la salud han causado un enorme revuelo que, de paso, me ha afectado como presunto inductor e ideólogo de su propuesta. Vaya por delante que comparto la citada necesidad, pero creo que valdría la pena precisar su contenido, desfigurado por unas derivaciones sobre su planteamiento que no obedecen ni a sus palabras ni a la idea original, de la que sí me responsabilizo. Para comprender su alcance hay que colocarla en un contexto que se resume en cinco puntos:
1.- La crisis del sector salud no es coyuntural; esencialmente es estructural, de modelo, que se remonta a antes del 2008.
2.- No podemos continuar abordando la crisis sólo con medidas coyunturales destinadas a mejorar la tesorería o a diferir el déficit para cuando haya tiempos mejores. Hay que plantear un modelo de futuro para ciudadanos y profesionales, y la hoja de ruta para llegar hasta él.
  • El único propósito es fomentar, junto a otras opciones, que las hay, un debate en profundidad más allá de los recortes y la única mirada actual sobre la provisión como solución
3.- Este modelo debe estar en consonancia con las reformas estructurales que hay que llevar a cabo en múltiples ámbitos: regeneración de la democracia y de la forma de hacer política; revisión del Estado de las Autonomías; reforma de la administración pública, laboral, fiscal y financiera; rigor presupuestario; búsqueda de nuevos nichos de mercado. Infundir unos nuevos valores a la sociedad española (esfuerzo, meritocracia, empreneduría, honestidad, solidaridad).
4.- Para legar a nuestros hijos y nietos la permanencia del contrato social hay que transitar, como está ocurriendo en toda Europa, del Estado del Bienestar, en que el bienestar de los ciudadanos se juega entre éstos, a la Sociedad del Bienestar, en la que el ciudadano debe buscar su bienestar con el Estado como garante de la equidad.
5.- Lo que se haga debe ser homogéneo; la línea argumental debe ser la misma en educación, pensiones, protección a la autonomía de las personas y sanidad.

En este orden de cosas, cobra sentido la propuesta de revisar la póliza pública hoy única, adaptando los modelos holandés y alemán a nuestras peculiaridades. Eso implicaría dividirla entre una póliza pública básica que cubriese los aspectos de prevención y promoción, los riesgos corrientes coste-efectivos y los catastróficos para todos los ciudadanos en los mismos términos actuales, y otra complementaria que debería ser suscrita obligatoriamente en el mercado por todos los ciudadanos para que nadie quedase descubierto.
En ella deberían incluirse aquellos aspectos menos coste-efectivos de la cartera de prestaciones; en el caso de aquellos ciudadanos que, por su nivel de renta, no pudiesen hacerlo, el Estado lo haría por ellos.

El porqué, en tres razones
Este planteamiento es radicalmente distinto a otro: que los ricos salgan del seguro público descapitalizándolo, al obligarlos, como equivocadamente o interesadamente se ha dicho, a suscribir un seguro privado, convirtiendo así la sanidad pública en una moderna versión de la beneficiencia.

El porqué de la propuesta está claro. En primer lugar, no lesiona la equidad; al contrario, refuerza la cohesión social al estar cubierta toda la ciudadanía por la misma póliza básica y derivarse la actual doble cobertura hacia la póliza complementaria. En segundo lugar, se pretende poner en valor el esfuerzo, como lo hacen ya los planes de pensiones privados, la aportación del ciudadano en los servicios sociales según su nivel de renta, o un hipotético modelo en que el incremento de las tasas universitarias se focalizase hacia los repetidores.

En tercer lugar, se trataría de que el comportamiento, como cliente del ciudadano en la póliza complementaria, se tradujese en la póliza pública hoy hiperfrecuentada porque el ciudadano se posiciona como consumidor y no como cliente.


Un debate con varias opciones

Ni los aspectos citados ni los importantes flecos del modelo, como la reestructuración del sector asegurador que ello implicaría y el networking público-privado en la provisión, están presentes en el simplismo del copago o las tasas. No hay con esta propuesta ninguna pretensión de aportar la solución a la crisis de la sanidad. El único propósito es fomentar, junto a otras opciones, que las hay, un debate en profundidad más allá de los recortes y la única mirada actual sobre la provisión como solución.Hay que elevar el punto de mira y esta propuesta está en esa dirección. Sería lamentable que con la iniciativa de consejero catalán ocurriese lo mismo que ocurrió con el Informe Abril, que murió el mismo día que se presentó, cuando se focalizó toda la atención sobre el párrafo que decía: "Que los pensionistas paguen la farmacia". No hay que olvidar que el citado informe reinó después de muerto, pues todo lo que ocurrió en la sanidad española desde entonces estaba sugerido en sus propuestas.
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