viernes, 23 de diciembre de 2011

Tribuna: Reivindicaciones, con el paciente por delante - DiarioMedico.com

Eugenio Moure, experto en Derecho Sanitario

Tribuna: Reivindicaciones, con el paciente por delante

El compromiso con el enfermo debe impulsar las protestas del colectivo médico que se suceden en estos días. De otro modo, estaríamos ante la típica reivindicación laboral que no salvaría al Sistema Nacional de Salud.
Eugenio Moure. Abogado experto en Derecho Sanitario   |  23/12/2011 00:00

En las últimas semanas han salido a la palestra los representantes legítimos de los médicos de la sanidad pública para denunciar los recortes propiciados por la crisis. Al igual que el protagonista de la novela Sostiene Pereira de Antonio Tabucchi, la clase médica, tradicionalmente silente y poco dada al conflicto laboral, se revela frente a lo que considera una serie de restricciones que socavan los propios cimientos de uno de los pilares del llamado Estado de Bienestar. Ellos, conocedores de las tripas del sistema, han dado un diagnóstico con muy mal pronóstico.

Sostienen los médicos que las plantillas de los hospitales y centros de salud están sobrecargadas de actividad, que no dan abasto. Sostienen los médicos que las jubilaciones no se cubren con savia nueva, recurriendo la Administración a contratos precarios. Sostienen los médicos que el crecimiento de las listas de espera, más allá de las maquilladas estadísticas oficiales, conducen a un abandono asistencial del paciente. Sostienen los médicos, en definitiva, que se está produciendo un retroceso en la calidad de la asistencia sanitaria pública.
  • ''La principal lealtad del médico es la que debe a su paciente, y la salud de éste debe anteponerse a cualquier otra conveniencia", cita el código deontológico del médico en su artículo 5.1
Confederación de almas
La denuncia está servida. Pero para que no suene a la típica reivindicación laboral, la clase médica tiene que mudar su alma. En Sostiene Pereira el protagonista conoce a Cardoso, un médico que le expone su teoría personal sobre la confederación de las almas. Según esta teoría, tenemos no una sino muchas almas, una de las cuales es la dominante, pero a veces otra adquiere preponderancia produciendo una metamorfosis. Si se despojan de su alma de funcionarios desmotivados y recuperan colectivamente la de auténticos sanadores, la de cómplices del paciente en su lucha contra la enfermedad, la de sus aliados frente a las carencias del sistema, es posible una auténtica reforma. Ésa que permita cambiar un sistema perverso que quita a la sanidad para construir aeropuertos sin aviones y continentes culturales sin contenido. Ésa que tiende líneas de alta velocidad en las que viajan sólo 14 pasajeros al día, mientras cientos de miles esperan meses por una intervención que no llega. Ésa que mientras aumentan los índices de pobreza y las cifras del desempleo tolera indemnizaciones millonarias en el sistema financiero. Una reforma que pasa, en definitiva, por provocar una auténtica comunión de intereses entre médicos y pacientes.

Mandato ético
Buscando nuevas referencias literarias, la clase médica tiene que parecerse más al protagonista de la novela de Pío Baroja, El árbol de la ciencia, que a su antagonista. El primero, comprometido con el paciente y el bienestar colectivo, y el segundo, convencido de su derecho a cobrar una especie de contribución por todas las enfermedades. Se trata de cumplir colectivamente con ese mandato recogido en el artículo 5.1 del código deontológico de la profesión médica: "La principal lealtad del médico es la que debe a su paciente y la salud de éste debe anteponerse a cualquier otra conveniencia". Incluso a la conveniencia de las propias instituciones públicas, si nos atenemos al artículo 45 del mismo código. Sólo así se vislumbrará el auténtico cambio.
  • ''Meter la tijera en el gasto público es una necesidad, pero meterla en el gasto sanitario es una necedad. Salvaguardar nuestro Estado de Bienestar exige conservar intacto el Sistema Nacional de Salud''
De lo contrario, la inercia en la toma de decisiones con el horizonte del déficit cero, sin que previamente se blinde nuestro sistema sanitario de las restricciones presupuestarias, convertirá la Ley de Calidad y Cohesión en papel mojado. Meter la tijera en el gasto público es una necesidad, pero meterla en el gasto sanitario es una necedad. Salvaguardar nuestro Estado de Bienestar exige conservar intacto el Sistema Nacional de Salud, que con tanto desparpajo los mismos políticos que ahora lo empobrecen antes le llamaban la joya de la corona. Ya Cervantes, en boca de El licenciado Vidriera, atinaba con la crítica a los que hoy serían los responsables de la prestación farmacéutica: "aún tiene otra cosa este oficio bastante a quitar el crédito al más acertado médico del mundo".
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