miércoles, 10 de agosto de 2011

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Mónica Lalanda
Un comentario y una ilustración. Los 'post' de Mónica Lalanda, especialista de la unidad de Urgencias del Hospital General de Segovia, siempre tienen un objetivo claro: despertar conciencias.

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10 AGO 2011 10:02

Si no lo veo, no lo creo. Si tuviera que resumir mi impresión sobre las reacciones al nuevo Código Deontológico Médico sería una de esas viñetas de Forges que dicen “....pais”.

Pues verán, a mitad de julio la Organización Médica Colegial dio a luz tras un larguísimo embarazo de varios años y un trabajoso parto con infinitas votaciones a un nuevo código de actuación médica. Este documento toma el relevo de su antepasado emitido allá por 1999, desfasadillo él.

Su llegada ha sido recibida con un cachete en las nalgas que lo han hecho llorar. Se le acusa de cosas feas, de haberse gestado en secreto, de tener influencias y de abrir las puertas de oscuras cajas de Pandora al aborto y la eutanasia. Alucino a colores. Aquí una es muy crítica (qué les voy a contar a aquellos que me leen regularmente) pero precisamente para este nuevo código tengo mas alabanzas que otra cosa.

De la participación y transparencia, desde luego doy fé. A principios de año el Colegio de Médicos de Segovia, al igual que otros colegios de España, nos envió a todos sus colegiados el borrador con una petición de sugerencias. Recuerdo haber pasado un rato largo leyendo susodicho documento, impresionada por el mero hecho de haberlo recibido y de que se nos pidiera opinión. Mandé un e-mail con varios comentarios. Para mi enorme sorpresa y satisfacción una de las sugerencia, respecto a la telemedicina, apareció cambiada en el código definitivo. Por eso sé con certeza que las sugerencias fueron leídas y tenidas en cuenta. Me quito el sombrero, pues los cambios al código deontológico que viví en la “evolucionadísima” Inglaterra, llegaron a golpe de martillo, sin borradores ni posibles enmiendas. La elaboración ha sido de un transparente que asusta y quien lo acuse de lo contrario está fuera de onda o no lo quiere ver.


El código abre por fin puertas a la objeción de conciencia; el tema es sin duda peliagudo y uno que personalmente siempre me ha preocupado y sobre el que ya me despaché como absoluta defensora hace tiempo. Pues vean que con este código, hasta yo me siento protegida en mi derecho a esa objeción y me sorprende que haya quien no lo esté. Pero claro, un código de este tipo nunca podrá agradar a posturas extremadamente radicales o completamente fundamentalistas, pero aun así permite la convivencia de todas las opiniones, es lo que tiene. Tambien me parece fuera de tono considerar que esta serie de normas de conducta pueda abrir paso a la eutanasia. Que se quiera evitar el ensañamiento terapeútico en pacientes terminales o la sedación en la agonía son un soplo de aire fresco que evitan esta rueda en la que nos estamos metiendo de practicar medicina defensiva en contra del beneficio del paciente. Es muy de agradecer que la OMC haya querido entrar en este tema demostrando que vive en el siglo XXI, esconder la cabeza en tierra hubiera sido una opción mas facil.

Por supuesto hay cosas del código que no me gustan, me hubiera gustado ver una mención hacia lo inadecuado de que los médicos traten a sus familiares o lineas mas claras en cuanto a cómo informar a los pacientes en caso de malas noticias pero en lo fundamental, me adhiero a este código sin ninguna duda y como paciente potencial me alegro infinito que exista.

Detractores de normas siempre habrá, sobre todo en un pais como este formado por 40 millones de micro-democracias. Una pesadilla, oiga.


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