martes, 26 de junio de 2012

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Fundamentación de la bioética : Bioética global y asociaciones científicas: ¿Una relación venturosa?
Enviado por cesierra48 on 30/5/2012 11:57:48 (128 Lecturas)
BIOÉTICA GLOBAL Y ASOCIACIONES CIENTÍFICAS: ¿UNA RELACIÓN VENTUROSA?
Carlos Eduardo de Jesús Sierra Cuartas
Profesor Asociado, Universidad Nacional de Colombia
Miembro del Comité de Ética de la Investigación de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Medellín

Evanescencia del significado prístino del vocablo “ciencia”
Con frecuencia, podemos apreciar, si observamos con atención, que esta época tiende a estar clasificada en forma desconcertante como una era científica, una creencia consensual que ha hecho carrera merced a la proliferación de artilugios tecnológicos de diversa jaez. En otras palabras, suele confundirse las más de las veces ciencia con tecnología. Hasta cierto punto, esto resulta comprensible a causa de la imbricación íntima entre ciencia y tecnología desde hace unas dos centurias a esta parte. No obstante, la idea de ciencia que el grueso de los mortales suele percibir es aquella de la ciencia cual medio de conquista de la naturaleza, esto es, el paradigma pergeñado en su tiempo por Francis Bacon, precedido por los aportes concomitantes de monjes nórdicos como Guillermo de Ockham, Alberto Magno y Roger Bacon. Incluso, para los grandes problemas del paradigma civilizatorio aún vigente, como la contaminación y la fluctuación climática mal denominada como calentamiento global, no falta un gran candor al creer que tales problemas admiten una solución por una vía exclusivamente tecnológica, auténtica vaca sagrada que procuran desmitificar investigadores como el economista estadounidense Joseph Henry Vogel al tomar en consideración los límites impuestos al crecimiento económico por parte de las leyes naturales, en especial aquellas de la Termodinámica.


Cosa curiosa en principio, en el seno de asociaciones que se dicen científicas, encontramos así mismo la confusión antedicha, un hecho todavía más patente en el otrora llamado Tercer Mundo. En semejante estado de cosas, al faltar claridad suficiente en las asociaciones de marras a propósito de lo que es y lo que no es la ciencia, resulta inevitable adoptar una postura escéptica en relación con la posibilidad de que asociaciones tales puedan aportar en forma fructífera a la consolidación de una bioética global propiamente dicha, esto es, según la concibiese Van Rensselaer Potter. Adquiere sentido este escepticismo habida cuenta que los miembros de dichas asociaciones, las más de las veces, suelen proceder de campos tecnocientíficos, personas como físicos, químicos, matemáticos, biólogos, ingenieros, etc., sea graduados, sea en agraz, cuya formación, por desgracia, suele adolecer de un gran talón de Aquiles en lo que a humanidades concierne, una crisis denunciada con lucidez por Martha Nussbaum, filósofa estadounidense. Así las cosas, estamos hablando de un gran problema, puesto que, sin una comprensión adecuada de la cultura de la ciencia, no cabe esperar una incorporación venturosa de la bioética global a la manera de Potter.

Resalta mucho más este problema si tomamos en cuenta la buena historia de la ciencia. A raíz de su primorosa investigación sobre Hugo de San Víctor, Iván Illich estableció que la forma de concebir la ciencia por parte de esta figura conspicua del Medioevo difería sobremanera del paradigma baconiano vigente en nuestro tiempo. Propiamente, Hugo de San Víctor la entendía cual remedio del que disponía el ser humano para paliar sus debilidades frente a natura, pero sin explotar ni dañar a ésta. Por desgracia, el paradigma baconiano dejó arrumbado el paradigma de la ciencia como remedio. En fin, la ignorancia de este hecho de la historia misma de la ciencia forma parte de la ignorancia supina del grueso de científicos e ingenieros en materia de historia de la ciencia y la tecnología cual reflejo de sus lagunas en formación humanista. De este modo, el significado del vocablo “ciencia” y su campo semántico está desvanecido en nuestro tiempo, salvo por una minoría intelectual exigua de estudiosos de la historia y filosofía de la ciencia y la tecnología.

Asociaciones científicas y el síndrome del Titanic
No es difícil detectar una retórica triunfalista en el seno de las asociaciones científicas en relación con la ciencia y la tecnología como si fuesen una panacea. Veamos aquí una pequeña muestra tomada de un blog relacionado con una asociación respetable de Medellín, Colombia: la Sociedad Julio Garavito para el Estudio de la Astronomía, la cual cuenta con 37 años de historia a sus espaldas, con aportes llamativos en lo tocante a la divulgación del saber científico respectivo entre la comunidad de dicha ciudad. Por medio de muchas conferencias que he dado en tal Sociedad a lo largo de los años, he procurado alertarla con afecto acerca de la urgencia y pertinencia de la bioética global para estos tiempos que corren, signados por una crisis civilizatoria sin precedentes, un mensaje que han captado bien en lo esencial varios de los miembros de su junta directiva. Con todo, sorprende que, en algunos de sus medios de expresión, aparezca una retórica triunfalista que sugiere una cierta incomprensión de la cultura de la ciencia. Veamos.
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