martes, 22 de noviembre de 2016

Mala praxis en la industria farmacéutica. Nuevas propuestas para un viejo problema | Observatorio de Bioética, UCV

Mala praxis en la industria farmacéutica. Nuevas propuestas para un viejo problema | Observatorio de Bioética, UCV

Observatorio de Bioética, UCV

Mala praxis en la industria farmacéutica. Nuevas propuestas para un viejo problema


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Mala praxis en la industria farmacéutica. Nuevas propuestas para un viejo problema


11 noviembre
13:082016





Sharon Batt expone en la revista Hastings Center Report [i], un comentario sobre la corrupción en las compañías farmacéuticas, basándose en  las afirmaciones de autores como Peter Gotzsche[ii], Ben Goldacre[iii] o Donald Light[iv], autores de libros que versan sobre el tema. Batt trae de nuevo al debate ético actual sobre el conflicto de intereses, el fraude y la mala praxis en la investigación, este importante asunto.
Lejos de haberse superado el problema, las dudas sobre la honestidad de algunas farmacéuticas surgen ante hechos como los 2.3 billones de dólares que la compañía Pfizer accedió a pagar en 2009 por la promoción ilegal del analgésico Bextra y otros fármacos, o los tres mil millones de dólares que pagó GlaxoSmithKline en 2012 por hacer lo mismo con fármacos “off-label”, es decir, para ser utilizados en prescripciones no autorizadas.
Los casos no acaban aquí. La misma Pfizer promovió fraudulentamente el fármaco Neurontin (gabapeptina), autorizado para el tratamiento de casos resistentes de epilepsia, para su uso en migrañas o el “síndrome de piernas inquietas”, que no habían sido autorizados. Por su parte, Merck ocultó los peligros del fármaco Vioxx (rofecoxib) manipulando la selección de los pacientes para los ensayos clínicos, introduciendo “autores fantasma” y omitiendo datos de las investigaciones. GlaxoSmithKline suprimió datos que evidenciaban riesgos en los tratamientos con Avandia (rosiglitazona) utilizado en diabetes. Según afirma Gotzsche2, pocas grandes compañías no están salpicadas por este tipo de hechos.
Una de las causas del problema sería la aprobación de demasiados medicamentos para los que existirían muy pocas evidencias sobre eficacia y seguridad, con los problemas sobre la salud pública que esto puede causar, promoviéndose también una espiral de incremento de precios inimaginable hace una década.
Sin duda el asunto no ofrece una fácil solución. La investigación de nuevos fármacos es un largo y costoso proceso que necesita una importante financiación, normalmente a cargo de las compañías farmacéuticas que la promueven, y se resarcen de los gastos soportados a través de la comercialización de las moléculas que, previamente, han patentado. Su comercialización durante el periodo de vigencia de la patente, reportará los beneficios que hacen estar a estas compañías entre las más rentables.
Precisamente, es esta una de las propuestas que Gotzsche2 fórmula para terminar con el problema: lograr que la investigación farmacéutica sea sin ánimo de lucro, financiándose por los gobiernos o fundaciones, que, a su vez, serán los responsables de regular su distribución y precios.
Goldacre3 propone una mejor gestión de los datos de seguimiento de los fármacos ya comercializados, con los que podrían emprenderse nuevos ensayos sobre indicaciones, eficacia o seguridad valiéndose de las redes de los sistemas nacionales de salud, lo que permitiría muestras de gran fiabilidad y numerosos investigadores recogiendo datos que darían solidez a los resultados obtenidos. Esto exigiría la publicación de todos los datos disponibles, también los menos ventajosos, y en un plazo breve de tiempo, que no debería superar el año.
Los medicamentos son mucho más que un hallazgo tecnológico o científico. Suponen para los pacientes la diferencia entre la salud o la enfermedad, la muerte o la vida. Dejarlos al dictado de los intereses comerciales no parece una opción sostenible en un mundo civilizado. Replantear la financiación de la investigación farmacéutica y redefinir los criterios que deben exigirse a los científicos, ensayos clínicos y publicación de los resultados, sigue siendo una asignatura pendiente.
Las políticas sanitarias tienen mucho que decir al respecto, pero también la solidez de la formación bioética de todos los actores implicados, desde el mundo financiero al asistencial, pasando por los organismos públicos reguladores.
Leer artículo relacionado (AQUI).
Referencias
[i] BATT, Sharon. Pharmaceutical Company Corruption and the Moral Crisis in Medicine. Hastings Center Report, 2016;46(4):10-3.
[ii] Gotzsche P. Deadly Medicines and Organised Crime: How Big Pharma Has Corrupted Health Care. CRC Press. 2013.
[iii] Goldacre B. Bad Pharma: How Drug Companies Mislead Doctors and Harm Patients. Faber & Faber. 2013.
[iv] Light D, Maturo AF. Good Pharma: The Public Health Model of the Mario Negri Institute. Palgrave MacMillan. 2015.

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