lunes, 7 de noviembre de 2016

Percepción de la muerte por los estudiantes: un velo por descorrer - DiarioMedico.com

Percepción de la muerte por los estudiantes: un velo por descorrer - DiarioMedico.com



ATENCIÓN AL FINAL DE LA VIDA

Percepción de la muerte por los estudiantes: un velo por descorrer

Los estudiantes de las carreras del ámbito de la salud se enfrentan a la muerte en las diferentes facetas de su formación. Varios expertos analizan este tema durante un debate organizado por Mémora y Diario Médico.
Javier Granda Revilla | Tarragona dmredaccion@diariomedico.com   |  07/11/2016 00:00
 
 

debate sobre muerte
Ana Isabel Lima, trabajadora social y presidenta del Consejo General de Trabajo Social de España; Fernando Martínez, enfermero y presidente de la Sociedad Española de Enfermería Geriátrica y Gerontológica; María Die, psicóloga clínica y psicooncóloga, y Montserrat Esquerda, médico y directora del Instituto Borja de Bioética. (José Luis Pindado)
La percepción de la muerte por parte de los estudiantes del ámbito de la salud, las diferencias entre las distintas profesiones sanitarias y la necesidad de que esta realidad forme parte de los estudios universitarios fueron algunos de los temas que se repasaron en el coloquio organizado por Diario Médico y Mémora dentro de su serie de encuentros en torno a la atención al final de la vida.
En el debate participaron María Die, psicóloga clínica, psicooncóloga y miembro del Consejo Asesor de Mémora; Ana Isabel Lima, trabajadora social y presidenta del Consejo General de Trabajo Social de España y de la Federación Internacional de Trabajo Social en Europa; Montserrat Esquerda, médico y directora del Instituto Borja de Bioética, y Fernando Martínez,enfermero, presidente de la Sociedad Española de Enfermería Geriátrica y Gerontológica y miembro del Consejo Asesor de Mémora.
El primer tema de debate se centró en la percepción de la muerte por parte de los estudiantes de las carreras sanitarias. Para Ana Isabel Lima, los trabajadores sociales tienen una perspectiva diferente al resto de colectivos. "No se estudia ni hay ninguna asignatura que trabaje la muerte en la parte académica. Sí es cierto que hay muchos cursos de formación continua con temas relacionados con ella, como la ética, el duelo o cuidados paliativos. Pero siempre como complemento a otras cuestiones y fuera del nivel académico", detalló.
"Los alumnos muchas veces ni se lo plantean e incluso en la psicología ni siquiera se debate lo que supone estar gravemente enfermo. Y, al verlo en los hospitales por primera vez, muchos se deprimen, porque no se lo esperaban. Las carreras sanitarias están centradas en curar y controlar los síntomas, pero no se les enseña a ayudar a morir y, mucho menos, a acompañar. Pero no es un tema exclusivo de las profesiones sanitarias: la sociedad en general le da la espalda a la muerte. De hecho, creo que las personas que eligen estas profesiones tienen una tolerancia al dolor ajeno infinitamente mayor que la que tiene la población en general", destacó María Die.
Por este motivo, en su opinión se exige demasiado a los estudiantes, que carecen de herramientas para gestionarlo, "pero sí se les pide que se enfrenten al sufrimiento y a la muerte de una forma que nadie es capaz de hacerlo".
Por su parte, Montserrat Esquerda opinó que se ha registrado una inflexión en el tabú de la muerte y se ha pasado de no hablar de ella a comenzar a hacerlo "en los últimos cinco o diez años, aunque aparece muy tangencialmente en los distintos programas formativos. Y cada facultad lo organiza como quiere o como puede, de forma muy irregular, con lo que no se asegura que estén garantizadas estas competencias. Hay mucho trabajo pendiente".
  • Los expertos coinciden en que es fundamental que se introduzca una parte de formación en temas relacionados con la muerte y que se adapte al currículo de cada especialidad
Para Fernando Martínez es clave diferenciar la imagen del universitario que comienza la carrera del posgraduado. "En ese camino de varios años seguro que hay una evolución: cuando empiezan a estudiar en la universidad, llegan con los mitos y tabúes sobre la muerte de la cultura occidental: no hablamos de ella, ni en las familias ni en la formación básica. Y no hablarlo supone llegar condicionado y no tener habilidades para enfrentarte a ella".
Diferencias de actitud
Según su criterio, cuando los estudiantes ingresan en la universidad no hay diferencias de percepción ni de conocimiento ante la muerte en función del sexo o la edad, "pero sí a nivel de actitudes, que creo que son más positivas en las mujeres y en las personas de mayor edad. Quizá pueda deberse a las vivencias previas y por la formación que reciben".
"La percepción de los estudiantes tiene, obligatoriamente, que cambiar a mejor después de ver morir a gente durante varios años y a ayudar a que vivan con una enfermedad grave hasta que se mueren. Aunque a veces son ellos mismos los que desarrollan las herramientas aun sin tener formación: lo ideal es que esta formación estuviera incrustada y no tuvieran que utilizar sus recursos personales", propuso María Die.
Las prácticas curriculares son un momento crucial para los estudiantes de Trabajo Social, recordó Ana Isabel Lima. "Es el momento en el que toman contacto con la realidad, cuando la muerte está muy presente y el estudiante se enfrenta a ella y a otras situaciones de conflicto (como violencia, maltrato o dependencia) que se han tratado de manera muy teórica. Y chocan con la realidad en las prácticas; muchos incluso se llegan a plantear ahí si quieren ejercer la profesión en esos ámbitos o no", advirtió.
Montserrat Esquerda recordó que en Medicina hay estudios realizados sobre cómo cambian los estudiantes, "pero cambian a peor. Se han realizado en diferentes lugares como los países anglosajones, Escandinavia, Portugal o Brasil. Nosotros realizamos uno en Cataluña y el empeoramiento se produce tanto en razonamiento moral como en factores empáticos. No hay estrategias específicas de afrontamiento ni mecanismos para gestionar los factores, por lo que se produce una regresión".
  • La función de apoyo y el enfrentamiento a la muerte se comparte entre las diferentes profesiones sanitarias, por lo que se podría plantear una formación transversal
Fernando Martínez coincidió al señalar que el autoconocimiento está presente desde el primer curso y, sin embargo, en las competencias -donde estarían inmersas las aptitudes y las habilidades- "no se ve esa evolución, aunque sí hay más información cuando se acaba la carrera, pero eso también sucede en la población general. La siguiente cuestión es definir qué instrumentos van a permitir que los alumnos que acaban la carrera dispongan no solo de habilidades sino de actitudes proactivas de cuidado ante las personas. Al final de los estudios se aumentan los conocimientos más teóricos, pero falta aplicarlos en la práctica", resumió Esquerda.
Etapa universitaria
El paso por la universidad es fundamental, ya que permite -tal y como indicó Martínez- "desmitificar y eliminar los estereotipos que tienen los alumnos". A su juicio, "otro aspecto importante es que el proceso de Bolonia ha permitido trabajar con competencias, habilidades y aptitudes, lo que permite disponer de herramientas que facilitan afrontar el fin de la vida tanto a nivel de la persona que lo está viviendo como del entorno familiar", añadió.
Para María Die las técnicas de comunicación en el entorno paliativo "son fundamentales:al profesional le permiten sentir que tiene el control de la situación, aprender empatía y desmitificarla. Porque la gente piensa que empatizar significa identificarse con alguien y cargar con su sufrimiento y no es eso". Para la psicóloga, hay que ir "más allá y que los estudiantes hagan un ejercicio de introspección y que, para empezar, se pregunten qué me ha traído aquí y por qué me dedico a esta especialidad que me enfrenta a tanto dolor todos los días. Porque no todo el mundo puede o quiere hacerlo".
Esquerda, por su lado, reconoció que parte del problema en el campo de la Medicina "es que toda la enseñanza está enfocada al MIR. Creo que es de los pocos grados que, al acabar, te preparas para un examen. Y después te planteas muchos de estos aspectos, por lo que cuesta bastante introducirlos en el grado. Y son aspectos esenciales, por lo que hemos propuesto que los alumnos realicen exámenes prácticos de evaluación (ACOE) en un escenario clínico. Porque si no hay un reconocimiento, el alumno lo va postergando, a pesar de ser necesario. El médico ideal es aquel que cura y que da la mano al paciente cuando es preciso".
El caso del Trabajo Social es "paradigmático" para Ana Isabel Lima, porque está centrado "en el compromiso con los demás y en tener en cuenta la familia, el contexto social y las redes relacionales. Quizá el complejo que tenemos es que queremos ser considerados como ciencia y nos estamos tecnificando demasiado y construyendo categorías diagnósticas que nos pongan en un nivel más científico, porque se nos considera de segunda categoría. Debemos encontrar un equilibrio. También es una profesión muy feminizada: el 83 por ciento somos mujeres y se corre el riesgo de que se ligue la relación de ayuda con el sexo".
Martínez incorporó al debate conceptos como vocación, relación de ayuda, dedicación a tiempo completo, cercanía... "Estas profesiones deben ser humanas, y la técnica, en ocasiones, nos lleva al excesivo positivismo y a lo cuantitativo, y olvidamos lo cualitativo, que son las relaciones. Y en ellas debemos instalarnos, pero sin dejar de ser buenos profesionales, que no es lo mismo que profesionales buenos", diferenció.
¿Cómo mejorar?
Pese a que la transversalidad podría ser la solución para que se adquirieran conocimientos en todos los estudios del campo de la salud, Esquerda indicó que el problema es que "no pertenece a nadie, por lo que nadie es responsable. Lo fundamental es creerse que esto es necesario y que los estudiantes de Medicina precisan de unas competencias mínimas y que puedan ser evaluadas en los ya citados ACOE".
María Die coincidió en la dificultad de que los estudios sean transversales, ya que en el caso de los psicólogos "tenemos la ventaja de que no se nos enseña en la universidad lo que es una persona enferma, ni nos formamos habitualmente en hospitales. Pero sí tenemos la ventaja de que nos han educado en temas de sufrimiento a lo largo de todo el proceso vital, que incluye el final de la vida y cómo ayudar y acompañar".
Para Martínez es fundamental proporcionar instrumentos y habilidades para manejar "lo que viene parejo, como por ejemplo la ansiedad que genera trabajar con la muerte. Al final, repercute en el profesional sanitario, porque ve su propia muerte".
Ana Isabel Lima abogó también por una formación concreta y específica. "Es algo muy demandado en el caso de los trabajadores sociales, porque te encuentras con situaciones muy duras y necesitas herramientas para poder afrontarlas. Nuestros puntos fuertes son que nos manejamos muy bien en el conflicto y a la hora de mediar, porque cuando se nos deriva un caso ya existe un problema grave. El punto débil es aprender a manejar emociones de una manera específica en situaciones concretas como la muerte", reconoció.
Esquerda matizó que son precisas estrategias de acercamiento específicamente diseñadas que se puedan implantar, "porque no todas las estrategias sirven para todo el mundo: hay que ofrecer un abanico de posibilidades y que cada uno utilice las que mejor le funcionen".
Fernández, como portavoz de Enfermería, se mostró de acuerdo, ya que la muerte debe manejarse "antes, durante y en el duelo. Quiero hacer hincapié en el concepto dejar de vivir, porque sucede al morirse, pero también cuando uno pierde capacidades o cuando se produce un deterioro psíquico o cognitivo".